

¡El que pueda que haga¡ Si hay alguna frase o consigna que haya tomado notoriedad, arraigo y hasta eficacia ejecutiva, hasta ensombrecer al preterido vitoreado y frustrado eslogan del “Váyase Sr. González” es sin duda la que encabeza el presente párrafo. Reconociéndole por tanto el talento a su, por mí ignorado, creador o difusor primero, pues la reproducción y repercusión ha alcanzado cifras incalculables.
Un variado universo de toda índole se hizo eco y se puso manos a la obra a fin de coadyuvar a lo que, sin necesidad de explicitar ni el contenido ni el fin inicial, se convirtió en derrotar al soldado Sánchez, quien, enrocado en su minoría, otrora menos diezmada, impidió al postulante Feijoó alcanzar su sueño dorado de la presidencia y gobernanza de este nuestro país, España.
Cada cual y cada quien, se pusieron manos a la obra con la frustración de no ver atisbo de materialización del deseo y, con la frustración del imperturbable equilibrio y precaria estabilidad de un soldado, diezmado y asediado, cercado y rodeado en su palacio presidencial, al que ni las colaboraciones externas de los procesos migratorios inducidos, conseguían noquear, a pesar de las soflamas trampa de sugerir la necesidad de acciones militares para garantizar la soberanía nacional y enarbolar la bandera Ceutí, apropiándosela como suya, al igual que la roja y amarilla, que, como la frustrada presidencia de Feijoó, sus correligionarios y caminantes circunstanciales de su derecha patrimonializan como suya.
Por lo que, ni el drama de la migración ni las muertes, tuvieron ni un segundo de preocupación para ello, pues “había que hacer” allá donde surgiera la oportunidad y pudieran aprovecharla para sacar rédito a su estrategia casi mórbida de acoso y derribo, a la que llevamos asistiendo desde hace casi ocho años.
Mira por donde, en una consigna de tan amplio espectro, no solo cabe la acción predeterminada de los que asumen como dogma y planean sus estrategias para conseguir su fin, sino que la acción y la omisión de otros operadores interesados o circunstanciales puede alterar la consigna haciendo baldíos los intentos de los comulgantes y quedar frustrados y al descubierto, pues la obcecación y cerrazón de la idea, dejaba debilidad en flancos no cubiertos, en los que los intereses de naturaleza distinta, iban a dar al traste con tan ímprobo esfuerzo realizado en su poder hacer.
Con todos los frentes abiertos y el asedio incesante, la soterrada sonrisa y contenida euforia de victoria deseada por dogmáticos creyentes de la soflama, empalidecen y cambian el rictus ante la actuación de una justicia procesalmente correcta, pero de resultado, no solo cuestionable, sino absolutamente injusto, favoreciendo la pretensión de unos fondos de inversión celosos de la rentabilidad de su negocio, que convierten el desahucio de Mari Carmen en un símbolo de la injusticia, dándole la oportunidad de poder hacer y llevarlo a cabo, a una octogenaria de precaria salud, que seguía luchando y luchó hasta su muerte por defender su dignidad y su causa: su derecho a seguir ocupando la que había sido su vivienda durante toda su vida y de la que se vería desahuciada por un sistema judicial de todo menos justo y un interés económico, puede que legítimo pero enormemente injusto.
El desahucio de Mari Carmen generó una enorme repulsa, y la protesta y la reivindicación volvieron a movilizar las conciencias y a tomar las plazas y calles con manifestaciones generalizadas contra la injusticia operada con ella, lo que agravó su enfermedad hasta acabar con su vida, para convertirla en un símbolo, que sentará un antes y un después en el derecho a la vivienda, que obligará a los poderes públicos a hacer real y efectivo el derecho consagrado en nuestra Carta Magna.
Sin sospecharlo, quererlo ni desearlo, el trágico final de Mari Carmen, se ha convertido en el leit motive de todo un movimiento social reivindicativo, que, a la postre, ha tenido otra consecuencia hasta ahora frustrada por los de la lapidaria frase del inicio; la convocatoria de elecciones que, aunque dentro de lo previsible, ha cogido a contrapié a todos los partidos políticos, salvo al del Soldado Sánchez, que en el uso de las facultades de su cargo y sopesando lo más beneficioso para su formación decidió convocarlas para el próximo 29 de noviembre.
El acortamiento del horizonte previsto por la convocatoria electoral ha creado zozobra tanto a la derecha como a la izquierda. El PP sintiéndose ganador, pero sabiendo que no lo será, con pérdida sustancial de electorado en favor de las opciones a su derecha que aumentan a costa de la sangría popular, y la izquierda fraccionada y dispersa afanándose por remendar los trozos con hilos poco resistentes y perdurables.
Pero esta dispersión aparente está aglutinada por los posicionamientos absolutamente dispares de los dos bloques, que se han visto obligados a pronunciarse movidos por la necesidad de improvisación para marcar territorios, para tratar de fijar y fidelizar a los respectivos comulgantes de la derecha y correligionarios de la izquierda, dos modelos antagónicos que tomarán como paradigma de sus programas la vivienda, el trabajo, el salario, las pensiones, la sanidad, la educación, los servicios sociales, entre otros asuntos de suma importancia, y sobre los que el electorado tiene suficiente experiencia personal para tener decidido cuál será su opción y que, sin lugar a dudas, los propios planteamientos que precipitadamente han hecho los partidos de ambos bloques, propician que sea la participación la que determine qué opción nos gobernará los próximos cuatro años.






Setenta Años, Once Meses y Una Semana: Anatomía Jurídica del desahucio que llegó al BOE





La vida es bella en Andalucía: tragar orgullo y maquillar la precariedad

¿Y si cada uno de los 3.200 alcaldes del PP acogieran a 3 de los migrantes llegados a Ceuta?



















