El amor duerme en el pecho del poeta

Opinión15/10/2026 José María Arroyo

Sin título

Domingo, 20:30. Sala 2 de un multicines cualquiera de la provincia de Cádiz. Apenas quedan butacas vacías. ¿Película? La bola negra. Se podría decir que es casi todo un hito el hecho de que sea difícil reservar entradas para una película española que, abarcando tres periodos históricos, tenga gran peso la Guerra Civil y, no contento con eso, sus personajes se alejen totalmente de lo normativo. No todo iba a ser Santiago Segura. 

La bola negra narra, conecta y representa la historia de nuestro país por medio de tres personajes abarcando etapas como la Segunda República, la Guerra Civil y la época actual. Estas historias se irán conectando poco a poco, cuyo nexo común es, principalmente, la figura de Federico García Lorca y su obra de teatro inacabada La bola negra, la cual iba a presentar a un personaje abiertamente homosexual.

La bola negra es un film que no se queda en un solo género. Es capaz de tocar el drama, el romanticismo, lo onírico y hasta pequeñas dosis de humor. Y con un simbolismo brutal. Sirva como ejemplo el ascenso del personaje interpretado por Guitarrica de la fuente a través de la escultura de San Sebastián y su cuerpo lleno de flechas, el encuentro con los marineros, el impecable baile  flamenco que conecta memoria con nuestro folclore, el pavo real en el casino, o la escena que transcurre en Sierra Nevada.

Momentos poéticos y simbólicos a partes iguales que dejan claro la fuerza narrativa de los cineastas y su conocimiento sobre la obra de Lorca, uniendo la línea de puntos desde Yerma, La Casa de Bernarda Alba  o Poeta en Nueva York. Pero no todo es literatura, también hay mucho, muchísimo cine dentro de esta cinta (sería imposible pensar lo contrario).

El manejo de todos los elementos es propio de unos cineastas que conocen y aman el medio. Desde Coppola y su Apocalypse now o La conversación,hasta  Pawlikowski (Cold war, 2018), Angelopoulos (La mirada de Ulises, 1995) o Kusturika (Underground, 1995). Directores que se alejan de maniqueos y superficialidades, empeñados en mostrar la realidad de su tiempo y sus raíces. Tan críticos como mordaces. Al mencionar a Coppola, también nos referimos a Sofía, cuyos personajes, habitualmente perdidos y desengañados, parecen mirarse en los aquí presentes.

No podríamos olvidarnos de Almodóvar, eligiendo casi cualquier película de su filmografía como inspiración. Sirva como ejemplos más claros sus primeras cintas. Arriesgadas, transgresoras y polémicas. Los Javis prefieren no presentarnos a personajes malvados (aunque los haya), sino centrarse en los claroscuros de aquellos que no tienen claro su destino.

Cómo llevan su cruz y se rechazan continuamente, intentando vivir vidas ajenas.  Un aspecto a destacar y agradecer es la representación de la figura de Lorca. Andaluz y natural, lejos de la gravedad, del formalismo y la representación austera del poeta, acostumbrado a ser mostrado de manera tan universal que parece escaparse de nuestras raíces.

Resulta difícil no emocionarse ante tanta belleza, ante tanta poesía. Imposible no sentir cierta impotencia y frustración pensando en todos a los que nunca los dejaron ser quienes eran. Y esto conecta directamente con los versos del poema Lorquiano “El amor duerme en el pecho del poeta”, el cual habla de ese amor que debe permanecer en secreto. Como el amor de Rafael por Federico. Como el amor de Sebastián por Rafael.  

Glenn Close, trasunto de Ian Gibson, comenta que no deja de resultar curioso que sea un extranjero el mayor experto en Lorca. Los Javis representan a través de sus personajes a nuestra España, esa que lleva años echándole una bola negra a la memoria. Tal y como le dice a Alberto su pareja: "Para ser historiador, la única historia que no te interesa es la tuya". ¿Acaso no es ese nuestro mayor defecto?  

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