Backroom y el pasillo de los 5 minutos

Opinión28/09/2026 José María Arroyo

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Sería imposible pensar en la existencia de Backrooms (2026) sin la presencia de la novela La Casa de hojas de Mark Z. Danielewski, publicada en el año 2000. Novela de terror en la que la superficie externa de una casa situada en la zona rural de Virginia no coincide con las dimensiones del interior, provocando la obsesión de la familia propietaria y experimentando sucesos inexplicables, como la aparición de puertas que conduce a pasillos oscuros y aparentemente interminables, desaparición de objetos y la tristeza y apatía de sus inquilinos.

El fenómeno Backrooms comenzó cuando, en 2019, un usuario anónimo publicó una fotografía de una habitación vacía con paredes de papel tapiz amarillo, alfombra húmeda y luces fluorescentes parpadeantes, aludiendo a la existencia de un espacio que no debería estar ahí. Poco a poco se fueron añadiendo comentarios acerca de los peligros de encontrar estos lugares imposibles.

En 2022, Kane Parsons realizó varios cortometrajes aumentando el lore de esta nueva fantasía de terror: una especie de fallo o grieta en la realidad que nos conduce a lugares desconocidos. Estos lugares se acercan más al subconsciente de aquel que las cruza, con sus miedos, recuerdos y traumas que a un espacio dominado por el horror.
A pesar de las similitudes y lugares comunes con la novela La casa de hojas, la cinta ofrece una visión más cercana a la psicología y los misterios de la mente humana.

Mientras la novela indaga en el surrealismo más linchyano ofreciendo páginas imposibles y pies de página al más puro estilo David Foster Wallace, la película se sitúa en un terreno más físico sin dejar de lado los elementos surrealistas.

Sería fácil compararla o encontrar reminiscencias en Buñuel y su film El ángel exterminador (1962), pero eso sería quedarse en la superficie y aludir a referencias obvias. Backrooms no pretende ser una crítica social sino un acercamiento a la psique del ser humano.

El protagonista de la cinta no puede salir de esos pasillos interminables porque se haya dentro de sí mismo. Y su coprotagonista, una psicóloga que intenta ayudarle a superar una ruptura, no puede encontrar salida porque él no quiere ser ayudado. Ha encontrado una zona de confort en su soledad y en echarle la culpa a otros. Esto se traduce en espacios inconcebibles y objetos que no deberían encontrarse en ese lugar.

Como un expresionismo moderno, y ahí es donde radica su fuerza, Backrooms nos asfixia con lugares luminosos pero difíciles de imaginar estructuralmente hablando, como si de las escaleras de Escher se tratase. La casa de hojas ofrece pasillos oscuros, una negrura que representa pasado y futuro del dueño de la hogar. En el film se opta por su opuesto. La luz y la amenaza de lo invisible. En El gabinete del Doctor Caligari (1920) de Robert Weine, la arquitectura de los espacios representaban una mente enferma. En Backrooms busca ese mismo efecto, aunque los lugares sean más reconocibles y su protagonista no sea un enfermo, sino alguien en quien cualquiera de nosotros nos podríamos reconocer.

Un año antes, Genki Kawamura estrenó Exit 8, otra cinta de terror basada en un videojuego en la que un joven queda atrapado en una estación de metro, condenado a repetir el camino si no encuentra anomalías en el recorrido. La similitud con Backroom se centra en la misma
exploración de la mente humana, la dificultad para avanzar, de madurar o pasar página ante sucesos que nos dejan huella.

Puede que tanto la novela como las películas citadas sean complejas y no busquen ser traducidas o interpretadas por el espectador. A veces el cine no trata de buscar respuestas, solo pretende transmitir emociones, por mucho que nos empeñemos en buscar explicación a todas esas imágenes. En tal caso, siéntense y disfruten de la experiencia

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