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title: "PSOE y PP, la misma mierda es"
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date_published: "2026-11-03T11:26:00+01:00"
date_modified: "2026-11-03T11:31:46+01:00"
author_name: "Juaki Bellido"
category_name: "Con guasa, pero en serio"
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category_description: "'Con guasa, pero en serio' es la columna de opinión de Juaky Bellido."
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# PSOE y PP, la misma mierda es

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Sin rodeos: PSOE y PP, la misma mierda es. Que nadie se rasgue las vestiduras. Cambian los discursos, los colores, las siglas y los argumentarios, pero hay políticas que sobreviven a los cambios de Gobierno. Una de ellas es el progresivo debilitamiento de los servicios públicos y la conversión de necesidades colectivas en oportunidades de negocio privado.

Y el ferrocarril es un buen ejemplo. Adif es pública, sí. Pero buena parte de los trabajos de mantenimiento, señalización, sistemas de seguridad y asistencia técnica se adjudican a empresas privadas mediante contratos millonarios. Hitachi Rail, Sistem, Indra, Acciona, Comsa, Ferrovial… Los nombres están en los expedientes de contratación. No hablamos de rumores, sino de millones de euros de dinero público.

¿Significa esto que una empresa privada tiene la culpa de los accidentes? No. Eso tendrá que determinarlo la investigación. Significa que debemos preguntarnos qué modelo de gestión estamos financiando y quién conserva el conocimiento técnico y la capacidad operativa de una infraestructura primordial.

Llevamos demasiados años escuchando que lo público no funciona, que es caro, lento e ineficiente. Encima ahora está de moda. Y curiosamente, quienes más repiten ese discurso suelen encontrar enseguida una empresa privada dispuesta a gestionar el servicio, eso sí, con dinero público y un contrato por delante.

El problema no es lo público. El problema es debilitarlo, reducir sus plantillas, externalizar sus funciones y después utilizar sus deficiencias como argumento para seguir privatizando. ¡Ay joder, lo que venimos denunciando con otras cositas! ¿Sanidad y educación? Es la "dimisión del Estado" ante las políticas neoliberales, que diría el sociólogo Pierre Bourdieu.

No queremos un Estado más pequeño, queremos una Administración más eficiente, profesional y transparente. No queremos pagar menos impuestos a costa de perder servicios públicos; queremos que nuestros impuestos se traduzcan en sanidad, educación, infraestructuras, transporte y pensiones dignas.

Queremos políticos honrados, menos privilegios, menos despilfarro y más control del dinero público. Y queremos empresas públicas bien gestionadas, capaces de generar excedentes que reviertan en la sociedad, en las pensiones y en las ayudas a quienes más lo necesitan. ¿No quieren un cambio en en modelo de financiación de las pensiones? Aquí un posible modelo sin privatización de derechos, servicios, empresas, aunque vamos tarde que Aznar y Felipe González se hincharon a vender.

No se trata de recaudar más ni de recortar por recortar, sino de gestionar mejor. El dinero público debe estar al servicio de los ciudadanos, nunca de los intereses políticos o particulares.

Y por supuesto, lo que no se debe hacer ante una tragedia es buscar rápidamente a quién echarle la culpa. Y mucho menos señalar desde las primeras horas a un trabajador, filtrar audios y poner el foco sobre su actuación antes de que concluya una investigación. Eso ya lo hizo el PP de Rajoy en 2013 y fue una puta vergüenza.

Si hubo un error humano, habrá que determinarlo, pero también explicar por qué fallaron los sistemas de seguridad que debían evitar que ese error acabara en tragedia. Hay que investigar los protocolos, el mantenimiento, los medios y las decisiones de quienes tienen responsabilidades. Porque es demasiado fácil señalar al trabajador que dio una orden y olvidarse de quienes tenían la obligación de garantizar que todo funcionara. Y no olvidemos que detrás de ese trabajador hay una persona que también puede necesitar ayuda psicológica después de lo ocurrido.

Porque la seguridad ferroviaria no se garantiza con discursos, sino con inversión, mantenimiento y gestión transparente. El dinero público tiene que servir para que los servicios públicos funcionen, no para alimentar negocios privados. Las políticas de recortes, externalizaciones y liberalizaciones tienen consecuencias, y quienes las han impulsado deben responder por ellas. No podemos permitir que se ahorre en mantenimiento mientras se gasta en buscar explicaciones cuando ya es demasiado tarde.

Y mientras se anuncian y ejecutan inversiones millonarias en Cataluña, con actuaciones como La Sagrera, La Llagosta y el tramo Castellbisbal-Vilaseca, Andalucía sigue reclamando conexiones dignas, mantenimiento y seguridad. Que nadie confunda la denuncia con negar las inversiones que también se ejecutan aquí: el problema es el desequilibrio histórico de prioridades y el papel que se reserva a nuestro territorio. Andalucía, como buena colonia interior, tendrá que seguir esperando su turno. Porque somos el sur: territorio de extracción de recursos, cantera de mano de obra y recursos humanos, y parque temático de sol y playa para disfrute de quienes vienen de fuera. Andalucía, una vez más, a esperar. Nunca fue población de primera ni territorio prioritario. Ni lo fue, ni lo es, ni parece que vaya a serlo.

Y, por favor, que nadie venga a repartir carnés de buenos y malos: PP y PSOE han gobernado y ambos tienen responsabilidades que explicar. Cambian las siglas, pero demasiadas políticas se parecen. Y cuando el negocio se antepone al servicio público, las consecuencias las pagamos los ciudadanos, a veces con la vida.

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