

Antonio Borrego proclamó la llegada de la Semana Santa con un discurso cargado de sentimiento, raíz cofrade y fidelidad a la tradición en el Teatro Pedro Muñoz Seca.
El Teatro Pedro Muñoz Seca volvió a latir al compás de la emoción en un acto que marcó el tránsito de la espera a la certeza. No fue solo un pregón: fue el momento en el que El Puerto reconoció, sin reservas, que su Semana Santa ya está aquí.


El Puerto lo siente y lo respira. El azahar impregna sus calles y anuncia, de forma inequívoca, que comienza un tiempo distinto, donde la fe, la memoria y la tradición se entrelazan en cada rincón.
Borrego firmó un pregón de los que dejan poso. Clásico en su forma, pero profundamente sentido en su desarrollo, fue hilvanando hermandades y devociones desde la verdad de quien lo vive. Su palabra no describió: evocó, despertó y emocionó.
El teatro respondió desde el silencio atento y la complicidad, reconociendo en cada pasaje fragmentos de una vivencia compartida. Hubo sobriedad, pero también latido; contención, pero también hondura.
Sustentado en la “triple C” —clásico, cofrade y cristiano—, el pregón avanzó como un relato íntimo que fue creciendo hasta situar a El Puerto en el umbral de su semana mayor.
Con San Marcos ya en el horizonte y la Borriquita como primer anuncio en la calle, El Puerto se prepara para desbordarse en devoción. La espera ha terminado. El Puerto, ahora sí, ya vive su Semana Santa.






























